sábado, 23 de mayo de 2009

EL HAIKU: Origen y evolución

El haiku japonés hunde sus raíces en las viejas religiones de oriente (Taoísmo, Confucianismo y Budismo). Las dos primeras toman forma hacia el siglo V a. C. en China. La tercera procede de la India y, aunque su nacimiento se puede considerar simultáneo, no penetra en China hasta el siglo I a. C. aproximadamente, con la dinastía Han.
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Asimismo, consideraremos como fuente remota la poesía china clásica. La influencia es, por tanto, muy lejana en el tiempo, y se introduce de un modo general en la temática a través de conceptos globales (religiosidad, filosofía...).
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Taoísmo: Fundado por el mítico Lao Tse ("el anciano maestro"), gira en torno a la idea fundamental del Tao, el principio del universo en el que confluyen una serie de opuestos como la vida y la muerte, el bien y el mal, el todo y la nada.
De este principio emanan dos conceptos contrapuestos y, a la vez, complementarios: el yin y el yang (la mujer y el hombre, la tierra y el cielo). El Tao es el gran origen de todo, pero es también el gran vacío. Es una doctrina de la no-acción, preconiza de alguna forma la inserción armónica del hombre en el devenir de la naturaleza, del universo.
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El taoísmo nos enseña a ver la vida como un camino, a no marcar grandes objetivos; más bien se trata de seguir una vía de perfeccionamiento espiritual, de crear un vacío en el alma como forma de acercamiento al Tao a través de la no-reflexión y el no-pensamiento. El haiku bebe de estos conceptos y nos propone a menudo paradojas, estar en contacto con la naturaleza, armonizar espiritualmente nuestra propia existencia con el curso natural del universo... Confucianismo: Moral filosófica que debemos a Confucio (Kong Tse), muerto hacia 480 a. C.
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Sin pensar en seres superiores, Confucio hace una moral al alcance de todos, orientada hacia este mundo; proporciona al pueblo una ética que abarca todas las facetas y circunstancias de la vida. Altera ciertos conceptos del taoísmo, pues podemos considerar ahora tres principios básicos: el cielo, la tierra y... el hombre, que unifica ambos conceptos. Según Confucio, "Los peces están hechos para el agua, los hombres para el camino". Esto enlaza con ciertos conceptos taoístas y con el propio "camino del haiku" que seguirían grandes autores de haiku como Bashó, y que consiste en una vida ascética y frugal, de observación, de identificación con la naturaleza y con el mundo. El confucianismo es una influencia que contribuirá a culturizar la poesía japonesa, tiñéndola de espontaneidad y de moralidad confuciana, y en el aspecto formal, de concisión y simplicidad.
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Budismo: Hacia el siglo VI a. C. vive en la India el creador del budismo, Buda, un pr?ncipe indio cansado del mundo que se retira a meditar. Buda tiene entonces una iluminaci?n: ve el mundo en que vivimos como una serie de enga?os, de falsedades materiales. A partir de este hecho, considera que nuestra vida se desarrolla ignorando el verdadero fondo de las cosas. Para superar este desconocimiento, nos propone un camino de meditación que, en último término, conduce al nirvana o iluminación (satori en japonés).
Alcanzar el nirvana es desprenderte por completo de las ataduras de la vida, crear un vacío interior para "llenarte" de verdad y de cosas buenas. La comprensión y el perdón de Buda están al alcance de todos los humanos.
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Mención aparte merece el zen, heredero de una de las corrientes budistas que se forman tras las revelaciones de Buda, el budismo Mahayana, y de la tradición taoísta. El zen se desarrolla en China, y desde el siglo XII se introduce con normalidad en Japón. Su espiritualidad influye decisivamente en el haiku. En el zen, así como en el budismo, todo es sagrado, todo tiene su dimensión (una mota de polvo contiene la tierra entera).
Enlaza en este sentido con el panteísmo shintoísta, la religión propia de Japón, anterior a las influencias chinas. El zen, por tanto, dota al haiku de simbolismo, de misterio, de amor por la vida sencilla y ascética.
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Poesía china clásica: El siglo VIII es una época de consolidación de la influencia china en Japón, que comienza en el siglo VI. Es una influencia que se extiende a todos los aspectos de la vida cotidiana, desde la religión, como hemos visto, hasta la literatura. En esta última, los temas de influencia serán la añoranza, el paso del tiempo o el cansancio del mundo. Son temas, por lo general, bastante pesimistas.
Como reacción, se llega a producir en el pueblo japonés cierto rechazo a la influencia del continente por miedo a la pérdida de la identidad japonesa más tradicional. Una conocida pieza medieval de teatro Noh (género típico nipón, de lenguaje muy arcaico) llamada "Hakurakuten", nombre de un gran poeta chino de mucha fama en Japón, trata de la expulsión de este poeta a China por miedo a su gran influencia.
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En cuanto a la forma, la poesía china se estructura frecuentemente en grupos de versos cortos que pueden tomarse separadamente, y en ella encontramos antecedentes directos del haiku como los jueju de la dinastía Tang (siglos VII-X), cuartetos de versos de 5 y 7 sílabas que persiguen una poesía sintética del instante, de la percepción sensitiva, tal y como encontraremos en el haiku unos siglos más tarde.
Son notas comunes entre las poesías china y japonesa la espiritualidad heredada de la tradición religiosa y la comunión con la naturaleza.
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Fuentes próximas. Consideraremos como tales las propias fuentes literarias de la cultura japonesa, antecedentes del haiku en su pauta formal y en su contenido. Es imprescindible remitirse al "Manysh?" (colección de las diez mil hojas), primera gran antología medieval nipona que se remonta al siglo VIII y que recoge los géneros poéticos que se practicaban entonces.
Los primitivos katauta, aún anteriores al "Manysh?", eran estructuras formadas por un sólo poema o canción, con dos posibles pautas silábicas: 5-7-7 o 5-7-5 (esta última es la misma que la del haiku). Dos katauta en forma de pregunta y respuesta formaban un mond?, género poético superior. Ya en el propio "Many?sh?" no aparecen katauta, sino otras formas evolucionadas como son el sed?ka, el ch?ka (canción larga) y la popular tanka (canción corta).
La canción larga constaba de versos de 5 y 7 sílabas en alternancia constante sin una longitud prefijada de todo el poema. Las tankas, por su parte, eran dos estrofas de tres y dos versos, de la forma 5-7-5 / 7-7. Por último, los sed?ka eran poemas de dos estrofas idénticas: 5-7-7 / 5-7-7. Todo nos remite en la poesía japonesa, como vemos, a versos de bien 5 bien 7 sílabas, cuestión sobre la que se ha teorizado mucho, achacable según varios autores al propio ritmo de la naturaleza: regularidad con un cierto cambio.
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Poco a poco, conforme van cambiando los propios gustos de los poetas, van desapareciendo géneros como el sed?ka y el ch?ka, convirtiéndose el tanka en la forma dominante, en el waka (canción japonesa) por excelencia. El "Kokinsh?", nueva antología aparecida en el siglo X, recoge sólo 5 ch?ka y 4 sed?ka, siendo el resto (unos 1100 poemas) tankas. La evolución hacia el haiku tiene su primer estadio en la paulatina separación de la primera estrofa de la tanka (llamada hokku, de pauta 5-7-5) del resto del poema. Pero hay un género poético que hace de eslabón entre la tanka y el haiku, que aparece a principios del siglo XII, en el período Heian, llamado renga (que significa canción o poema encadenado).
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El renga consiste en una cadena de tankas compuesta por varios poetas que, en un ambiente festivo y de relajación, de competición si se quiere, van formando la poesía. En esta obra conjunta, el hokku tenía mucha importancia, pues daba pie al resto del poema y debía sugerir un tema o motivo a los poetas que componían el renga.
Esta primera estrofa empezó a cobrar poco a poco cierta independencia, y en las sucesivas antologías se fueron creando secciones dedicadas íntegramente al hokku. Poetas como S?gi, ya en el siglo XV, se dedicarían a componer hokku independientes. Como último paso hacia un concepto de haiku tal y como ha llegado a nosotros, nos encontramos con
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el haikai, nombre que ha llegado a considerarse sinónimo de haiku, y que consiste en un giro que ciertos jóvenes poetas, hacia finales del siglo XV, dan al renga en respuesta a su rigidez formal y conceptual. Haikai es una palabra que ya aparece en el "Kokinsh?" en referencia a los versos cómicos y ligeros.
El haikai renga es, por tanto, un encadenamiento de poemas divertidos, sin mucha trascendencia, de lenguaje simple, sentido irónico y, dicho sea de paso, con poca calidad literaria en general. En este estado de cosas, se forman escuelas dispares que fomentan la creatividad poética de Japón, algunas partidarias de cierta rigidez en sus premisas poéticas y otras de carácter más flexible.
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Matsuo Bashoo, el gran poeta de haiku, se considera deudor de la escuela Danrin, de libertad expresiva, lenguaje llano y amplitud en la temática. Cabe hacer, por último, un apunte sobre el sentido de estación que suele dominar el haiku clásico. Es un rasgo que se da esporádicamente en otras formas poéticas japonesas como sed?ka o ch?ka, y comienza a ser algo más corriente en la tanka.
Es S?gi el primer poeta que insiste en incluir como algo necesario una palabra que referencie la estación del año en el hokku, y se dedica incluso a relacionar ciertos eventos y objetos naturales con estaciones determinadas, para que el lector pueda, tras identificar la estación del año, enmarcar el haiku en un ambiente particular. La costumbre de incluir en el poema esta palabra relativa a la estación (kigo) se convertirá en el futuro en seña de identidad del haiku, al mismo nivel que su pauta formal característica 5-7-5, y llegará hasta Shiki Masaoka, en el siglo XIX.
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Matsuo Basho (1644-1694) está considerado, aún hoy, el mayor poeta de la historia de Japón. No deja de ser parad?jico el hecho de que nunca pretendiera hacer literatura ni ser considerado alguien importante. Basho tiene, sin embargo, el mérito histórico de haber elevado el haikai al rango de arte, rescatándolo del estancamiento en el que estaba sumido desde que las escuelas poéticas más liberales lo mantuvieran como un simple divertimento en manos de ingeniosos poetas.
Basho vive en una época, la de la hegemonía política Tokugawa, en que la sociedad japonesa disfruta de paz y prosperidad. El período Genroku (1668-1703) es de hecho la edad de oro de las letras niponas, con maestros como Saikaku en novela y Chikamatsu en teatro, además del propio Basho en poesía.
Nuestro poeta nace en el seno de una noble familia, y es educado como guerrero samurai en sus años de juventud. Más tarde, al fallecer su maestro, prosigue su camino de culturización estudiando a los clásicos chinos y japoneses y entrando en contacto con la rama más espiritual del budismo: el zen. Sus primeros poemas, influenciados por la escuela Danrin, son intrascendentes y ligeros. Pero a medida que crece su religiosidad se advierte un cambio en su manera de escribir; Basho convierte sus poemas en cantos espirituales a la naturaleza, opera el milagro de trascender la realidad circundante apoyándose en esa misma realidad como fundamento básico de su obra.
Esto no le hace olvidar muchos de los principios básicos de la escuela Danrin como la sencillez del lenguaje o la posible inclusión en el poema de expresiones extranjeras (sobre todo chinas), aspectos vetados en el waka tradicional. Su estilo de vida se vuelve, cada vez más, hacia el "camino del haiku", influido por su condición de monje.
Basho será durante toda su vida un constante peregrino, de vida ascética y pobreza material. Ganará discípulos que, como él, tendrán un concepto de la poesía como un camino purificador para todos los hombres y, en cierto modo, también de salvación. Bashó escribio la poesía que vivió y vivió la poesía que escribió.
Su poesía se basa en una concepción panteísta del mundo acorde con la espiritualidad budista, y gracias a su vida humilde en constante contacto con la naturaleza y con los pequeños detalles encuentra, en cada poema, el sentido eterno del instante fugaz: "Aprende de los pinos, aprende de los bambúes. Aprender quiere decir unirse a las cosas y sentir su íntima naturaleza. Esto es haikai".
Gracias a su cultura, el poeta de Ueno nos brinda apreciaciones muy acertadas de la tradición artística japonesa anterior a él. Así, dice: "Saigy? en waka, S?gi en renga, Sessh? en pintura, Riky? en la ceremonia del té, lo que corre por ellos es una misma cosa", o también: "El haikai es el coraz?n del ?Many?sh??".
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Pero propone su propio camino creador: "No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron". Para exponer su particular genio poético, que no es más que su propia visión de la vida y el mundo, Basho opta por el haiku en detrimento del waka, más explicativo, con más tendencia a la belleza formal. Su objetivo no es más que cantar lo cotidiano, y encuentra en el haiku un vehículo que, debido a su brevedad, no puede albergar más que la pura intuición poética de aquel que lo compone.
En el año 1686 Basho compuso el haiku más famoso de la literatura japonesa, inspiración constante de innumerables poetas a partir de entonces, que resume perfectamente el espíritu del haiku: "Un viejo estanque; / se zambulle una rana, / ruido de agua". El propio autor definió este verso como el más característico suyo, y dijo de él en su lecho de muerte: "Este es mi poema de despedida, puesto que he construido mi propio estilo con este verso. Desde entonces he hecho miles de versos, todos con esta actitud".
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En su cumbre poética, Basho consigue el milagro de hacer confluir lo eterno (el agua del viejo estanque) con lo instantáneo (el salto de la rana) en el propio ruido del agua, valiéndose del lenguaje más sencillo y conciso del que puede hacer uso. Así, toda la obra de Basho está desprovista de vanidad; es un encuentro constante con la naturalidad y con la humildad del que usa los versos para avanzar en su propio camino de superación espiritual.
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Algunos de sus mejores haiku se insertan en su famosa obra "La estrecha senda de Oku", fruto de un peregrinaje por tierras norteñas que le ocupó seis meses, y que le llevó al templo de Ise, el corazón del shintoísmo japonés. La obra está escrita en prosa poética (haibun, prosa con gusto de haiku).
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El poeta muere en 1694 víctima de la disentería, tal y como él habría deseado: con el calor de sus amigos y después de uno de sus queridos viajes, en esta ocasión al sur de Japón. En su lecho de muerte intuye su último haiku, y lo enuncia ante los discípulos que tras su muerte se encargarán de custodiar su herencia poética y humana: "Habiendo enfermado en el camino / mis sueños merodean / por páramos yermos".
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Los 10 filósofos: Se dice que unos 300 seguidores acompañaron a Basho en su entierro. Este dato es fundamental para comprender la vasta influencia que ejerció la escuela de Basho en su época y la gran cantidad de poetas y discípulos que se formaron en sus principios literarios y espirituales. De entre todos ellos, cabe destacar el grupo de los llamados "10 fil?sofos": Etsujin, Hokushi, Jés?, Kikaku, Kyorai, Kyoroku, Ransetsu, Shiky, Sanp? y Yaha. Casi todos ellos fueron, a su vez, maestros de otros muchos nuevos poetas, manteniendo encendida la llama del venerable Basho durante muchos años tras su muerte.
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Onitsura: La escuela de Basho no era la única que producía haiku a fines del XVII. Destaca también en calidad literaria, aunque con muchos menos seguidores, la escuela de Onitsura (1660-1738), poeta que bebio en su juventud de las mismas fuentes de Basho, con el que comparte significativamente muchos detalles de su vida y de su concepción del haiku.
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Onitsura nació en el seno de una familia noble y terminó haciéndose monje. Vino a inaugurar junto con Bashó la edad de los grandes maestros de haiku, y aunque no alcanza su altura, comparte con él la ternura y la sensibilidad hacia los pequeños detalles. Su consejo para los que se inician en la poesía es primero imitar al maestro y luego componer versos propios. Muy elocuente y sincera es una de sus frases: "Fuera de la verdad no existen haikai", donde expresa a la perfección su propia motivación poética, que a veces convierte en una búsqueda de la verdad hasta en los objetos y criaturas más insignificantes.
Es, en algún sentido, el precursor del más humano de los poetas de haiku: Issa Kobayashi. La producción de Onitsura se interrumpe cuando decide, a sus 73 años, hacerse bonzo y dejar totalmente de componer poemas. Muere 5 años después.
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Las poetisas: No son ajenas a este momento de gloria de las letras japonesas muchas poetisas que surgen por todo el país. Destacaremos varios nombres: Sute, Sono, Sh?shiki, Sh?f?ni y, sobre todo, Chiyo (1701-1775), considerada la mayor poetisa de haiku de Japón y discípula de uno de los 10 filósofos (Shik?), aunque luego cambió de maestro. Los haiku de Chiyo han sido a veces criticados por su excesiva subjetividad, cuestionándose sobre todo si deben o no ser considerados como tales, y a veces también, desgraciadamente, por el mero hecho de que quien los compuso fue una mujer. Pasó por algunos trances desgraciados a lo largo de su vida; véanse algunos haiku compuestos a raíz de la muerte de su hijo pequeño. Termin? haci?ndose monja.
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Buson: Durante algunos a?os del siglo XVIII, tras un cierto decaimiento de la influencia de Basho, el haiku entra en un estado de popularizacion parecido al que existía antes de la aparición del maestro. Algunas corrientes como la Kech?tai y la Senryu contribuyen a devaluar el arte del haikai, convirtiéndolo, de nuevo, en un estilo poético artificioso y trivial. La aparición en escena de Yosa Buson (1716-1783) viene a remediar esta situación, elevando de nuevo el haiku a las más altas cumbres poéticas.
Poco se sabe de la vida de Buson. Influenciado por una tendencia general en el país de retorno al interés por la poesía china, estudia en su juventud a los clásicos chinos, sobre todo los de la dinastía Tang. Por otro lado, también recibe una formación específica japonesa, de amor a la tierra y a la patria. Con un menor grado de religiosidad que la obra de Basho, los poemas de Buson se caracterizar por un sentido más agudo de observación de la naturaleza.
No en vano fue pintor además de poeta, y como muchos otros maestros de haiku, acompañaba algunas de sus obras de una haiga o pequeña pintura a la aguada que ilustraba (y en muchas ocasiones completaba) el sentido del poema. Inclusive, en ciertos haiku encontramos que algunos dibujos han sustituido a determinadas palabras, con lo que la obra se convierte en una especie de jeroglífico que se conjuga globalmente a partir de los dibujos, la caligrafía (también de importancia capital) y el propio poema, a modo de "arte global".
Buson propone un estilo que es observación pura, sin intermediarios, de la propia naturaleza; es el llamado estilo descriptivo. La importancia del color en sus poemas es un tema que ha merecido estudios específicos por parte de muchos expertos, que siempre lo han considerado un poeta sensible y humano, con una cierta calidad de romántico en apreciación de Keene. Shiki lo consideró el más grande, por encima de Basho?. Como última y vital característica de su poesía, diremos que Buson explora la imaginación y se inspira en ella para componer algunos de sus haiku m?s importantes.
Su escuela seguirá produciendo haiku durante algunos años tras su muerte. Discípulos de Buson: Mencionaremos aquí a autores destacados como Kit?, Gy?dai, Gekkyo y, muy especialmente, Taigi (1709-1771), figura de transición entre el haiku artístico de Buson y el haiku humanista de Issa. Taigi construye su estilo afable y humano más a partir del propio hombre que a partir de la naturaleza. Perteneció a la escuela Edo de haikai y no gozó de mucha fama en su época; es de nuevo Shiki a finales del siglo XIX quien lo restablece como uno de los más importantes autores de haiku.
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Issa: En el último tercio de siglo comienza su producción poética Issa Kobayashi (1762-1826), "el más japonés de los poetas de haiku, quizá de todos los poetas", en palabras de Blyth. Issa no tuvo maestros ni discípulos; en este sentido, se aparta de la tradición japonesa.
Fue un hombre extraordinariamente solitario y llevó una existencia muy desgraciada hasta su muerte. El rasgo sobresaliente de su labor poética es su profundo amor por el mundo y por todas las criaturas que lo habitan, hasta las más insignificantes. Compuso alrededor de 1000 haiku dedicados a caracoles, moscas, ranas, bichos de luz, pulgas, cigarras e insectos varios. Acostumbraba, como Buson, a incluir pequeños dibujos en sus poemas.
Siendo todavía un niño, Issa quedó huérfano de madre y fue educado por una madrastra que lo maltrató. Se trasladó después a Edo, donde vivió unos 20 años, y cuando empezaba a tener algún éxito perdió también a su padre.
Tras muchos años de pleitos con su madrastra por la parte de herencia paterna que le pertenecía, la justicia le dio la razón y pudo trasladarse a su pueblo natal, donde contrajo matrimonio a la edad de 50 años. Las desgracias, entonces, se le multiplicaron: vio morir en los 10 años siguientes a su esposa y a sus cinco hijos. Algún tiempo después, en su tercer matrimonio, un incendio en su casa le obligó a pasar los 5 últimos meses de su vida en un almacén sin ventanas con piso de tierra. Issa lo explica así: "Las pulgas se han salvado del incendio y han venido a refugiarse aquí. conmigo". Murió finalmente en mitad del invierno; bajo la almohada se encontró su último haiku: "Gracias sean dadas a lo alto; / la nieve sobre mi manta / también viene de la Tierra Pura".
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Issa no creó escuela. Por este motivo, su estilo es muy personal y no se puede comparar a ningún otro poeta, anterior o posterior. Plasmó su visión franciscana del mundo y de sus criaturas en una obra poética que rezuma ternura y humanismo; Issa era consciente de su propia insignificancia como podemos constatar en algunos de sus haiku más conmovedores. Su estilo directo transmite la naturalidad propia del poeta que desnuda su espíritu en cada uno de sus poemas y que se reconoce en la propia naturaleza que retrata.
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Contemporáneos de Issa: Muy pocos poetas de haiku coetáneos de Issa, gran dominador de su época, son dignos de destacarse. Citaremos a Ryokan, Gink?, Shir?, Seibi, Baishitsu o la poetisa Taio, pero en el arte del verso corto quizá estén a mucha distancia de aquel. A diferencia de otras disciplinas artísticas -la pintura vive una época de esplendor-, el haiku entra en un periodo de franca decadencia que se acentúa desde 1826 con la muerte de Issa; esta particular edad oscura se alargará hasta la llegada del cuarto "grande" junto con Basho, Buson e Issa: hablamos de Shiki Masaoka, el último pilar fundamental hasta nuestros días de la historia del haiku japonés.

El haiku en Occidente

La restauración Meiji de 1868 no sólo supuso la apertura de Japón a las influencias occidentales; también constituyó un punto de partida en el interés de los propios países europeos por la cultura japonesa, pues el flujo de información hasta entonces había sido mínimo. En lo que al haiku se refiere, Henderson lo explica así: "La forma del haiku es singularmente japonesa, pero creo con la mayor firmeza que tiene características que trascienden las barreras del lenguaje y la nacionalidad, y que la hacen apta para ocupar un lugar especial entre las formas de poesía occidental".
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Haiku en inglés: Las primeras influencias las encontramos en el poeta inglés B. H. Chamberlain; pero debemos al grupo de los imaginistas, creado alrededor de 1910 por varios poetas ingleses y americanos, el primer intento serio de asimilar en occidente la filosofía del haiku.
Este grupo, en su afán de romper con la poesía inglesa de entonces, orientó su búsqueda hacia una simplificación de la expresión. Anhelaban, en definitiva, una poesía más objetiva, sin grandes elaboraciones intelectuales. El camino llevaba directamente a la poesía japonesa clásica y, en especial, al propio haiku.
Del grupo imaginista destacan los nombres de Ezra Pound, americano y cofundador del grupo, y Amy Lovell, poetisa también americana que se unió algo más tarde. También pertenecieron nombres ilustres como D. H. Lawrence o el irlandés James Joyce. En todos ellos encontramos poesías próximas en la forma (y algo menos en la tem?tica) al haiku clásico japonés, aunque nunca llegaron realmente a escribir haiku.
Desde el impulso de los imaginistas, incontables poetas han escrito haiku en lengua inglesa. En Inglaterra, muy tardíamente, lo han cultivado con acierto Fred Schofield, Colin Blundell o David Cobb (pertenecientes todos ellos a la British Haiku Society, fundada en 1990), si bien la adopción del género fue, a partir de 1950, especialmente entusiasta en Estados Unidos (también algo más tarde en Canadá), con estudios teóricos de referencia obligada como los de Henderson y Blyth, en un proceso que culminaría en 1968 cuando un grupo de veinte literatos funda la Haiku Society of America (en 1977 se funda Haiku Canada).
Desde entonces hasta hoy se han multiplicado en norteamérica las asociaciones, revistas y publicaciones electrónicas que versan exclusivamente sobre el haiku. A lo largo del siglo XX han destacado, entre otros, norteamericanos como James Hackett, Jack Kerouac, Elisabeth Lamb, el propio Henderson o el japon?s-americano Kenneth Yasuda (Sh?son).
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Haiku en francés: Desde muy temprano, los poetas franceses abordan la nueva forma poética con interés. Es curioso el hecho de que el vocablo haikai haya prevalecido en el gusto francés hasta hace muy poco por encima del más moderno haiku. Ya en 1905 encontramos una pequeña colección de haikai a cargo del poeta P. L. Couchoud. Son también reseñables las contribuciones de Julien Vocance desde la primera guerra mundial y, a lo largo del siglo, de escritores como Robert Davezies, Serge Brindeau o Jacques Ferlay. En la actualidad se escribe haiku prolíficamente en Francia, Quebec y, en general, toda la comunidad francófona.
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Haiku en portugués: En Portugal encontramos la figura de Camilo Pessanha, que introduce la forma a principios de siglo desde su fascinación por la cultura oriental. Sin embargo es en Brasil donde el haiku se cultiva con más interés, a partir de los pioneros Afronio Peixoto y Guilherme de Almeida. Este último propone una novedosa forma para el haiku en la que deben rimar las sílabas finales del primer verso y del tercero, así como la segunda y la última sílaba del segundo verso.
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Haiku en español: Llegados a este punto, nos remitiremos directamente a un país: México, cuna de la mayor parte de los grandes autores de haiku en español, y a un autor: José Juan Tablada, cuya grandeza como poeta encuentra en sus queridos "poemas sintéticos" (como él mismo los llamó) un personalísimo vehículo de expresión.
Por lo demás, aunque los autores iberoamericanos se incorporan algo más tardíamente que sus homólogos ingleses o franceses al estudio y composición del haiku, a lo largo del siglo XX se producirán en nuestra lengua aportaciones poéticas muy valiosas dentro del género. José Juan Tablada (1871-1945): Sin duda el mejor autor de haiku en lengua española hasta nuestros días, Tablada tiene el mérito añadido de haber sido el primero en introducirlo en el contexto de la poesía hispánica.
El poeta nace en la ciudad de México, y en sus inicios modernistas colabora con la "Revista Moderna". En 1900 viaja a Japón y toma contacto con el naturalismo y la brevedad de la poesía japonesa, cuyos rasgos, sin embargo, no se hacen notar en su poesía hasta mediados de la siguiente década. Tablada abandona México en 1914 por razones de índole político, y se traslada a la ciudad de Nueva York; muy conocido es su tierno e irónico pareado "Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida, / tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida...", que encierra gran parte de su concepción poética y humana.
En el campo del haiku su caso es, salvando las distancias, parecido al de Basho, pues marca una pauta como pionero a la que pocos poetas mexicanos posteriores escapan. Tablada introduce ciertas modificaciones en el haiku tradicional que son adoptadas con naturalidad por la mayor parte de autores iberoamericanos, cuales son la introducción de títulos (escasísimos en la tradición nipona) y el uso de la rima (casi impracticable en japonés por las propias características de la lengua), donde, según González de Mendoza, "los poetas mexicanos encuentran la ilimitada riqueza de los asonantes". Citaremos, para terminar, dos colecciones de poemas de Tablada que recogen la mayor parte de los haiku que escribió "Un día..." (1919) y "Jarro de flores" (1922).
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Otros autores mexicanos: Tras Tablada aparecen algunos poetas muy significativos como Rafael Lozano -quizá el menos influido por aquel-, José Ruben Romero, Francisco Monterde, José María González de Mendoza -español nacido en Sevilla pero emigrado a México muy pronto-, José Frías o Elías Nandino. En estos autores, especialmente en el caso de Romero, advertimos la sustitución de los paisajes gratos y vivos del haiku japonés por la rudeza y el colorido intenso de la propia tierra mexicana, amén de la introducción de temas completamente ajenos a la tradición japonesa como el cristianismo o la tauromaquia; con todo ello, podemos decir que el género cobra autenticidad mexicana.
Mención aparte merece la figura de Octavio Paz, gran teorizador hispánico del haiku y autor él mismo de algunas valiosas muestras. Paz ha sido pionero en la traducción de haiku clásicos a nuestro idioma y ha contribuido apreciablemente a divulgar el género en el ámbito iberoamericano.
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Otras aportaciones desde el español: La influencia del haiku ha ido creciendo conforme avanzaba el siglo XX. En España deja su primer rastro en autores como Juan Ramón Jiménez o, muy especialmente, Antonio Machado, y es asimilado por los grandes poetas del 27: Federico García Lorca, Rafael Alberti o Luis Cernuda, si bien algunos de ellos nunca llegaron a componer haiku propiamente dichos. Debemos al matrimonio formado por Juan José Domenchina y Ernestina de Champourcin otras valiosas muestras del género.
Cabe destacar, en Argentina, las primeras aproximaciones de Alvaro Yunque y Jorge Luis Borges y, más tardíamente, de muchos otros poetas como Carlos Spinedi, María Santamarina, Eduardo González Lanuza o Pilar Alberdi, así como las obras de otros escritores latinoamericanos como el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade o el uruguayo Mario Benedetti. Terminaremos mencionando a estudiosos como la puertorrique? a Gloria Ceide-Echevarr?a, los espa?oles Fernando Rodr?guez-Izquierdo y Antonio Cabezas o los argentinos Samuel Wolpin y Osvaldo Svanascini, los cuales, adem?s del ya mencionado Octavio Paz, a veces con estudios teóricos, a veces con traducciones literarias originales del japonés, han llenado un largo vacío en nuestra lengua y nos han acercado en los últimos tiempos no sólo al género poético que nos ocupa sino a la literatura japonesa en su conjunto, a su fascinante historia y, sobre todo, a la extraordinaria sensibilidad de sus autores.

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